Tradicionalmente el machismo ha estado
asociado a la diferenciación de tareas entre hombres y mujeres, y a la
subordinación de las mujeres en muchas sociedades. En la mayor parte de todas
las sociedades tradicionales, los hombres en general han tenido mayor poder y
estatus que las mujeres en el ámbito doméstico limitado a esto, pero también en
el de ambos en conjunto. En las sociedades modernas, las actitudes machistas
tratan de justificar la mayor comodidad, preponderancia y bienestar de los
hombres, aunque en realidad no sea así.
El
machismo, asimismo, castiga cualquier comportamiento que considere
supuestamente femenino (un signo de debilidad o de igualdad ante una mujer) en
los varones, lo que constituye la base de la homofobia ya que un comportamiento
o preferencia sexual diferente de las que propugna típicamente el machismo,
contribuye a diluir la diferenciación estereotipada del machismo. Hay una
corriente de mujeres, que aceptan y promueven el machismo, como la verdadera
estabilidad en la familia. Ello se debe al orden que ha imperado desde que el
ser humano habitaba en las cavernas, donde los hombres salían a cazar y las mujeres
se quedaban cuidando de la prole y haciendo tareas de supervivencia, vestido,
limpieza, cocina etc. Eso trasladado a nuestros días hace que muchas mujeres
aceptan el rol natural sin molestias y se subordinan a su hombre que provee lo
necesario para el sustento de la familia. El verdadero hombre machista manda,
dirige, enseña y cuida a su mujer. Por el contrario hay una tendencia de las
mujeres en el siglo XX a rebelarse contra este orden natural que ha existido
siempre. Esto las causa todo tipo de problemas estigmas y falta de aceptación
social y en entornos no urbanos o países menos desarrollados, directamente las
excluye de la sociedad, al no aceptar las normas principales de convivencia,
donde en algunos países los hombres poseen varias mujeres a su servicio. En las
sociedades donde se practica la poligamia, el estatus social del macho es más
alto cuantas mas mujeres posea y mantenga. A cambio estas le servirán
obedientemente. Esto en occidente es contrario al comportamiento social
aceptado, donde el macho solo esta bien visto que posea una mujer públicamente
aunque es frecuente que tenga relaciones con mujeres distintas a la suya
legítima. Tampoco fomentar el cambio social, es decir entre los mismos varones
existe una represión para autoimponerse patrones de comportamiento y de
pensamiento bajo la amenaza de ser excluidos de la comunidad masculina.

