La desigualdad de género sigue
constituyendo un grave obstáculo para el desarrollo humano. Las niñas y las
mujeres han progresado mucho desde 1990, pero todavía no han alcanzado una
situación de equidad de género. Las desventajas que experimentan las niñas y
las mujeres son una causa importante de desigualdad. Con demasiada frecuencia,
sufren discriminación en la salud, la educación, la representación política y
el mercado de trabajo, entre otros ámbitos, lo que tiene repercusiones
negativas para el desarrollo de sus capacidades y su libertad de elección.
El
Índice de Desigualdad de Género es un indicador de la desigualdad. Mide las
desigualdades de género en tres aspectos importantes del desarrollo humano, a
saber, la salud reproductiva, que se mide por la tasa de mortalidad materna y
la tasa de fecundidad entre las adolescentes; el empoderamiento, que se mide
por la proporción de escaños parlamentarios ocupados por mujeres y la
proporción de mujeres y hombres adultos de 25 años o más que han cursado como
mínimo la enseñanza secundaria; y la situación económica, expresada como la
participación en el mercado laboral y medida según la tasa de participación en
la fuerza de trabajo de mujeres y hombres de 15 años o más. El Índice de
Desigualdad de Género se basa en el mismo marco que el IDH-D, a fin de reflejar
mejor las diferencias en la distribución de los logros entre mujeres y hombres.
Mide el costo que supone la desigualdad de género para el desarrollo humano;
así pues, cuanto más alto sea el valor del Índice de Desigualdad de Género, más
disparidades habrá entre hombres y mujeres y también más pérdidas en desarrollo
humano.
